Salud plena: de la mente a la célula

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Hoy estoy convencido de que el gran desafío de la medicina del siglo XXI, no es tanto el descubrimiento de píldoras mágicas, como el conocimiento del impacto que pensamiento y sentimiento ejercen sobre el equilibrio orgánico, conocimiento cuyo propósito servirá para impedir el deterioro precoz con que el hombre contemporáneo somete a esa red protectora y nutricia de su libertad y crecimiento, que no es sólo su cuerpo sino toda su estructura biopsicosocial.

Si bien Galeno fue un profundo conocedor de la influencia que las emociones ejercen sobre la salud, el modelo médico contemporáneo ha considerado, sin embargo, a la mente y el cuerpo entidades independientes. Aún así, en los últimos veinte años, múltiples trabajos científicos, que incluyen como objeto de estudio las emociones, los rasgos de personalidad y la conducta social, han logrado innovar el modelo psicosomático, para el cual la separación mente-cuerpo deja de ser patente, dadas las interconexiones que se demuestran entre el cerebro y los sistemas nervioso, endocrino e inmunológico. De esta manera, el cerebro representa la línea defensiva de vanguardia de toda nuestra corporalidad frente a la enfermedad y al envejecimiento, teniendo a la mente como su órgano funcional.

Precisamente desde el hospital donde ejerzo mi trabajo, he sido testigo de mi propia transformación a la hora de comprender la estrecha relación entre mente y enfermedad, como también entre mente y salud. En este sentido, es una gran noticia el enorme auge que los departamentos de investigación y tratamiento, bajo el paradigma mente-cuerpo, está tomado en destacadas universidades americanas como Harvard, Columbia, UCLA, Stanford… por citar las conocidas.

Son cuatro los sistemas que se comunican mutuamente y de forma permanente en el ser humano: la mente, el sistema nervioso, el sistema endocrino y el sistema inmune. Es crítico entender que estos sistemas poseen receptores en sus diversas células para recibir información desde los demás a través de las llamadas moléculas mensajeras. Bajo condiciones normales los cuatro sistemas interactúan en armonía. En este estado, denominado homeostasis, se protege al organismo de diversas amenazas, ya que se renueva constantemente el equilibrio, pues su propósito persigue restablecer el estado pleno de salud. Su estudio corre a cargo de una disciplina que en el mundo académico se conoce en la actualidad con el impracticable nombre de psiconeuroinmunoendocrinología.

Los factores ambientales, rasgos de personalidad, educación, emociones, estilo de vida, espiritualidad, están entre los más influyentes elementos que median, para quebrar o preservar este equilibrio homeostático. La persistencia en el tiempo de estos elementos en su formato disfuncional, acaba por agotar dicho equilibrio y comprometer la salud. Dado que son modulados en la mente, hoy no albergo la menor duda sobre lo principal de otorgar al cultivo de esta las mejores semillas, como tampoco dudo de que conocer las influencias que llevan al estrés, a la dispersión y negligencia de la mente (significado originario de la palabra pecado) y a su derivada, la desconfianza radical hacia la realidad, es de las tareas más edificantes que mujeres y hombres de hoy podemos y debemos atender, si de fomentar la salud en toda su vertiente biopsicosocial se tratara.

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